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La uva de Mallorca que estuvo a punto de desaparecer

Esta es la historia de

Hay vinos que cuentan la historia de una añada, otros la de una bodega y algunos, mucho más excepcionales, guardan en cada botella una pequeña parte de la historia de un territorio.

La Gorgollassa pertenece a este último grupo.

Esta variedad tinta autóctona de Mallorca, que hoy vuelve poco a poco a encontrarse en algunos viñedos de la isla, estuvo durante décadas al borde de desaparecer. Para entender cómo ocurrió hay que viajar hasta la Mallorca vitícola del siglo XIX.

Cuando la Gorgollassa dominaba los viñedos

Mucho antes de Cabernet Sauvignon, Merlot o Syrah, los viñedos mallorquines estaban poblados por variedades locales perfectamente adaptadas al clima y a los suelos de la isla.

Y entre ellas, la Gorgollassa ocupaba un lugar privilegiado.

Ya en 1878, el agrónomo Francisco Satorras la describía como una variedad tinta y tardía que producía vinos con cuerpo y buena coloración y que servía como base para los vinos de numerosos pueblos de Baleares.

Pero su importancia era todavía mayor en determinadas zonas de Mallorca. Los registros históricos anteriores a la llegada de la filoxera indican que en Binissalem la Gorgollassa podía llegar a representar alrededor del 75 % del viñedo.

Era, por tanto, cualquier cosa menos una uva desconocida.

Formaba parte del paisaje, de la agricultura y de los vinos que se bebían en la Mallorca de finales del siglo XIX.

Hasta que todo cambió.

La filoxera lo cambió todo

A finales del siglo XIX, la filoxera llegó a Mallorca.

Este pequeño insecto, que atacaba las raíces de la vid europea, ya había provocado una de las mayores crisis de la historia del vino en Europa. La solución para salvar los viñedos consistió en replantarlos utilizando portainjertos americanos resistentes a la plaga.

Pero reconstruir un viñedo significaba también tomar una decisión:

¿Qué variedades merecía la pena volver a plantar?

Y no todas regresaron.

Cuando los viñedos mallorquines comenzaron a reconstruirse, los viticultores fueron apostando por otras variedades. Documentos oficiales publicados en 1911 cuentan cómo la Gorgollassa había sido abandonada en gran parte y sustituida por variedades como Callet, Manto Negro, Cinsaut o Batista.

La que había sido una de las grandes uvas de Mallorca empezó lentamente a desaparecer.

De protagonista a casi olvidada

Durante buena parte del siglo XX, la viticultura europea siguió transformándose.

La búsqueda de mayor productividad, la modernización del campo y posteriormente el auge de variedades más conocidas hicieron que muchas uvas tradicionales quedaran relegadas.

Algunas sobrevivieron.

Otras desaparecieron.

Y la Gorgollassa estuvo peligrosamente cerca de pertenecer al segundo grupo.

Su presencia en los viñedos mallorquines se volvió tan pequeña que aquella variedad que décadas antes había ocupado una parte enorme del viñedo de Binissalem terminó convertida prácticamente en una reliquia vitícola.

Pero todavía quedaba una última oportunidad.

Cuatro cepas

En una viña de Selva, Mallorca, sobrevivían cuatro cepas de Gorgollassa.

Solo cuatro.

Aquellas plantas residuales se convirtieron en el punto de partida para recuperar la variedad. Se multiplicó nuevamente el material vegetal y posteriormente se reprodujo en la zona de Consell.

Lo que durante décadas parecía condenado a desaparecer comenzaba, poco a poco, a regresar a los viñedos.

La recuperación permitió conservar no solo una variedad de uva, sino también una pequeña parte del patrimonio agrícola y cultural de Mallorca.

Finalmente, en 2011, la Gorgollassa volvió a estar oficialmente autorizada para su plantación en las Islas Baleares.

Más de un siglo después de que la filoxera cambiara para siempre el mapa vitícola de la isla, aquella antigua variedad tenía una segunda oportunidad.

¿Cómo es un vino de Gorgollassa?

Hoy sigue siendo una variedad minoritaria y precisamente ahí reside buena parte de su interés.

La recuperación de variedades como la Gorgollassa permite descubrir perfiles diferentes a los que encontramos habitualmente y, sobre todo, volver a escuchar la voz de un territorio a través de sus propias uvas.

Cada productor puede interpretarla de una manera diferente, pero detrás de todas esas botellas existe algo que no puede reproducirse en una ficha de cata:

su historia.

Porque cuando bebemos un vino elaborado con Gorgollassa no estamos simplemente descubriendo una variedad poco conocida.

Estamos bebiendo una uva que fue protagonista del viñedo mallorquín, que prácticamente desapareció después de la filoxera y que logró regresar gracias a unas pocas cepas que consiguieron sobrevivir.

Hay botellas que conservan algo más que vino

La historia de la Gorgollassa representa algo que está sucediendo actualmente en muchos territorios vitivinícolas: productores, viticultores e investigadores están volviendo la mirada hacia variedades que durante décadas habían quedado olvidadas.

Recuperarlas significa ampliar la diversidad del vino, pero también conservar una parte de nuestra historia.

Quizá por eso descubrir una Gorgollassa hoy resulta tan especial.

Porque detrás de cada copa hay más de un siglo de cambios, abandono y recuperación.

Y porque, a veces, salvar cuatro cepas es suficiente para evitar que una historia desaparezca para siempre.

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